domingo, 1 de noviembre de 2009

Muestra "Borges y el arte", Museo Nacional de Bellas Artes, 2002


Borges y el arte


Por Patricio Lóizaga

La muestra Hitchcock y el arte –realizada a mediados de 2001 en el Centro Pompidou- permitió establecer, a partir de un trabajo de curaduría y montaje que quedará como ejemplo de excelencia, sorprendentes influencias entre la obra del director y la pintura; como así también explorar algunas de las fuentes cinematográficas de las que fue tributario el célebre realizador de Psycho. Resignificaciones de Münch, Magritte, Fritz Lang y muchos otros artistas, quedaron localizadas en un proceso de deconstrucción excepcional.
Puede decirse que el trabajo de lectura que propone Borges y el arte es de naturaleza inversa. Ausculta otros bordes, en distintos márgenes. Borges es una figura eminentemente literaria. Es, ante todo y sobre todo, un hombre de letras. Se formó en una biblioteca, su mundo fueron los libros y prodigó a occidente una obra literaria excepcional. Pretender forzar una relación con el arte constituiría un grave error, pero eso no impide –más bien alienta- explorar un vínculo de relaciones curioso y singular. La hermenéutica sobre la obra de Borges es tan profusa que lo ubica como el escritor más estudiado de siglo XX. Además de las eruditas investigaciones de Barrenechea, Rodríguez Monegal, Molloy, Rest, Sarlo, sumado a los agudos planteos de Blancht, Foucault, Savater, Eco y Calvino, hay notables trabajos sobre Borges y las ciencias, Borges y la filosofía, Borges y la arquitectura, Borges y la matemática, Borges y el cine.
Borges y el arte se aproxima a la huella de Borges en otras direcciones, otras zonas, poco exploradas hasta ahora. No pretende ser un relevamiento exhaustivo de estos vínculos y relaciones porque asume las limitaciones de toda antología y exégesis al admitir la imposibilidad de renunciar a una ideología estética.
Se han realizado muestras de pintura donde fragmentos de la obra de Borges fueron preseleccionados para que distintos artistas plásticos produjeran respuestas pictóricas. No es éste el caso. No hemos tratado aquí de reunir las numerosas representaciones e ilustraciones que se han hecho sobre la obra de Borges, en libros y en distintas exposiciones. La influencia y la relación con el mundo de cuatro artistas que fueron sus contemporáneos y de los que se ocupó fue el punto de partida. Borges reflexionó sobre la obra de Xul Solar, de Pedro Figari, de Emilio Pettoruti y de su hermana Norah.
El autor de Ficciones fue indiscriminada y acríticamente pródigo a la hora de escribir prólogos y gran parte de sus relaciones sociales pudieron exhibir como un trofeo un texto preliminar del genial escritor. Los años repararon esta impunidad y una gran editorial española lo invitó a dirigir una exquisita colección donde la antología de lectura cobró el valor estratégico y definitorio que Borges le dio a sus autores elegidos. Es curioso: Borges, que pecó de una desmesurada generosidad, sólo escribió sobre cuatro artistas plásticos tan singulares como reivindicados en las últimas décadas. Fuera de esos textos sobre Figari, Xul, Norah y Pettoruti, no encontraremos rastros significativos en la producción de Borges sobre su relación con la pintura.
Podría argüirse que en un hombre que perdió progresivamente la visión y murió casi ciego no debería sorprendernos su poca frecuentación con la pintura, pero sería un reduccionismo. De allí que nos propongamos acercarnos a este vínculo entre Borges y el arte desde la sutileza.
Otro ángulo está dado por aquellos artistas que naturalmente (no por encargo o afán de relacionarse con Borges) se sintieron influidos e irradiados en un íntimo y secreto núcleo creador. Es el caso de Guillermo Kuitca, que con su obra La consagración de la primavera (originalmente se llamó Insomnio, como el poema de Borges) produce un oxímoron pictórico. Es el caso de Joseph Kosuth. Es el caso de Liliana Porter.
La presencia de Norah y de Xul está en los primeros libros de Borges. La tapa de Fervor de Buenos Aires (1923) fue realizada por Norah. El tamaño de mi esperanza (1926) lleva viñetas de Xul. La reedición del libro estuvo proscripta por el propio Borges durante décadas y cuando finalmente se reedito, las viñetas ya no estaban. Xul también realizó viñetas para El idioma de los argentinos y Un modelo para la muerte, el libro que Bioy y Borges firmaron con el seudónimo de Suárez Lynch. En las reediciones de estas obras también han desaparecido los pequeños dibujos de Xul. Un aura de ocultamiento en un caso y en otro cubrió estas experiencias editoriales que tuvieron como protagonistas a estos dos amigos.
También están aquellos libros de arte vinculados a Borges. Hemos elegido dos: Norah, con texto de Jorge Luis Borges y litografías de su hermana, es una edición de sólo 500 ejemplares que realizó Edizioni Il Polifilo en 1974. El libro de las ruinas es una edición numerada para bibliófilos de Franco María Ricci realizada en 1997, con un texto inédito que Borges le entregara muchos años atrás. Está ilustrado con pinturas de John Martin (1789-1854) que reemplaza a un artista maldito, al cual Ricci, en el prólogo, atribuye la demora de años y años en su publicación.
La relación de Borges con la fotografía admite distintos comentarios. Con Victoria Ocampo realizó un libro –Diálogo con Borges- basad en la observación de fotos familiares y amicales. Fue fotografiado por extraordinarios creadores de este arte del siglo XX. La sola mención de sus nombres nos da la dimensión del interés excepcional que Borges despertó en los fotógrafos. La mayoría de los retratos que presentamos corresponden a la exposición Tribute to Borges realizada en New York, en la New York University y en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, a principios de 1999, que fue exhibida sólo por unos días en Buenos Aires, a fines de 1998, en el Museo Nacional de Bellas Artes. Ahora presentamos retratos de Diane Arbus, Richard Avedon, Eduardo Comesaña, Alicia D’Amico, Sara Facio, Gisèle Freund, Annemarie Heinrich, Humberto Rivas, Ronald Shakespear y Julie Méndez Ezcurra.
Reingresar o ingresar (¿por qué no?) a la obra de Borges a través del cine es tensionar y extremar una idea, una obra eminentemente literaria, en el espacio que el propio Borges definió como el relato por antonomasia del siglo XX. Una experiencia profundamente disparadora y multiplicadora de percepciones y reflexiones en el complejo y paradójico entramado de la relación entre las letras y la imagen y el sonido, experiencia particularmente inteligente y bella cuando se trata de Borges a través de la mirada de creadores como Bernardo Bertolucci, Alex Cox, Leopoldo Torre Nilson, Hugo Santiago y Carlos Hugo Christensen.


Extraído del catálogo de la muestra Borges y el arte, 2002

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